miércoles, 9 de febrero de 2011

T-53


Como fuera de sí se dio la vuelta bruscamente, miró fijamente al horizonte y a las lejanas torres de humo que se multiplicaban cada día sobre la ciudad. Al acercarme pude ver algo más allá de sus húmedos ojos, algo más allá de aquella lágrima silenciosa que bajaba lentamente sobre su rostro. Pude ver algo que no había podido ver antes en sus ojos: la desesperación de no saber qué hacer, de no saber qué va a pasar. Entonces cuando bajé la mirada habló.

- ¿Qué quieres Mario?
- ¿Qué quieres decir? – respondí con duda.
- ¿Qué quieres en esta vida? ¿Has visto lo que está pasando? ¿Qué quieres?

No podía pensar. Mi mente estaba nublada. Así que como pocas veces en la vida dejé que las palabras fluyeran. No sé de donde salieron, pero estaba seguro de todo lo que quería decir.

- Nunca he estado seguro de nada en mi vida. Siempre he hecho las cosas pensando en una alternativa. Pensando que si algo fallaba tenía una vía de escape. Para mí. – paré un segundo y le di la vuelta mirándola a los ojos – Pero ahora mismo hay una cosa de la que estoy seguro. Te quiero a ti. No me preguntes cómo. Ni siquiera yo lo sé, pero desde el momento en que te conocí, supe en lo más profundo de mi alma que tu eras la persona con la que querría pasar el resto de mi vida. Todo lo demás no vale para nada si al final no vivo a tu lado, si al final no muero junto a ti. – noté como rápidamente se me encharcaban los ojos – Déjame demostrarte que tengo razón, solo me hará falta esta oportunidad. Será la única, porque la próxima vez que nos separemos será cuando este tenebroso mundo haya llegado a su fin.

- ¿Y qué vamos a hacer? No quiero volver a perderte.

- En todo este tiempo lejos de ti no he dejado de pensar en el momento de volver a verte, de volver a abrazarte. Echaba de menos tus ojos, tu mirada. Esa mirada tuya que me hace sentir la suerte que tengo de haberte encontrado. Esa mirada que sabes que derrite hasta la parte más profunda de mi ser. No quiero volver a alejarme, porque si algún día te pierdo, nada más valdrá la pena. No tendré ninguna otra razón para seguir viviendo. – se echó sobre mis brazos y aun me dio tiempo de susurrarle al oído – Me voy a quedar contigo. Nada nunca me alejará de ti. Ni siquiera el tiempo, que derretirá nuestros huesos y al fin estaremos juntos para siempre.

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