jueves, 17 de febrero de 2011

Entre todos.. solo tú.. (1)

Dos días antes, al subir al metro Dani se sentó y se zambulló en su libro de la semana, como tenía por costumbre. Pasaban las estaciones y Dani no se desconcentraba ni un solo momento de su lectura. Él pensaba que la gente que viajaba en los trenes del metro de Madrid no tenían nada para él. Ni para él ni para nadie. Odiaba la lejanía de las personas que a veces aún estando tan cerca físicamente, se alejaban tantos los unos de los otros. Incluso pensaba que había cierto asco y no recelo en la mirada de los viajeros. No, el metro era solo un medio de transporte, no un sitio para conocer a gente. Pero tras una pequeña sacudida del vagón que supuso una vía de escape de su perfecto mundo literario le permitió ver que a su lado se encontraba alguien diferente. O al menos eso pensó. “Tiene un brillo distinto a los demás en los ojos”, se dijo a sí mismo, dándose cuenta de que, a pesar de que fueron tan solo unos segundos, era demasiado tiempo para estar mirando fijamente a una persona. Dani no consiguió concentrarse del todo en su libro, sentía un cosquilleo al que llamó ‘curiosidad’. Dani sintió ‘curiosidad’ por aquella chica. Y esa curiosidad casi hizo que se pasara de parada. Le dio tiempo a bajarse y también a dejarse su vergüenza en el vagón, corriendo como un poseso y saltando justo antes de que se cerraran las puertas.

Dani era un chico algo tímido, aunque de vez en cuando le podía la curiosidad. No, no la misma que había sentido esa mañana. Eso era algo que no había podido explicarse, algo para lo que no había encontrado aun una palabra apropiada. El resto del día se desarrolló con la rutinaria normalidad con la que pasaban los días. Sus días.

Al día siguiente, habiendo olvidado ya lo que había pasado el día anterior se sentó en su habitual sitio en el vagón y sacó su libro, volviendo a su fortaleza subterránea. Allí protegido de esas personas vacías y sin sentimientos, que es lo que pensaba de sus compañeros de viaje cada vez que subía al tren. Pero allí apareció ella otra vez. Dos paradas después de la suya se subió y esta vez se sentó enfrente. Volvió a entrarle la ‘curiosidad’. Volvió a sentirse extraño y a veces, queriéndolo o no, miraba disimuladamente a la chica de enfrente. No era muy alta y sí algo delgada. Su pelo era rizado y “oscuro como la noche”, pensó recordando algunos de los libros que había leído. Lo que realmente le gustaba eran sus ojos negros. “Porque transmiten algo. Y quiero saber qué es”. Entonces sus miradas se cruzaron y el pánico inundó la mente de Dani, haciendo que la desviara rápidamente mientras su libro se caía con las páginas abiertas hacia el suelo. Lo cogió avergonzado y se levantó como si ya tuviera que bajarse.
Ese día no logró quitarse ese rostro de su cabeza. Aquella mirada le había fulminado. La ‘curiosidad’ no le dejaba en paz y estuvo todo el día pensando en el momento en que ella lo miró. “Ese momento fue mágico”, pensaba.

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