domingo, 20 de febrero de 2011

Entre todos.. solo tú.. (3)


Entonces cuando se levantó y se dirigía a ella esquivando las mesas y sillas que les separaban, Dani vio como se frustraba su plan perfecto. Ella había recibido una llamada y se había puesto de pie mirando por la ventana, como si buscara a alguien. “Su voz. Al menos he escuchado su voz”. Disimuladamente se dirigió al baño y se miró al espejo pensando que era la persona más estúpida sobre la faz de la Tierra. “¿Cómo no iba a tener a alguien esa chica? ¿Y qué pensaría si yo le hubiera hablado así sin más? Pero, ¿quién será él?”, pensó. Se apresuró a salir en busca de ese hombre perfecto que probablemente la tuviera entre sus brazos cada noche, como se imaginaba. Al salir, ella ya no estaba y sin pensarlo un segundo salió a la calle, como si realmente le importara mucho quién era ese desconocido. Y la vida le dio un poco más de esperanza. Dani no se encontró a un hombre que le sacara dos cabezas, ni un armario empotrado en un cuerpo masculino. Dani se encontró a una madre y una hija con su pequeño perro. Bajaban juntas hacia la plaza de Ópera e instintivamente las siguió. Él pensaba que sentía que estaba haciendo algo mal, se sentía como un acosador, aunque la idea de agente secreto o detective le gustaba más.

Se sentaron en uno de los bancos que había cerca de la boca del metro y estuvieron allí hablando. Dani, buscó un sitio donde pudiera espiar. Mejor dicho, observar tranquilamente. Mientras tanto seguía leyendo su libro, sin quitar ojo de la escena y tras alrededor de una hora. Alrededor de una hora es impreciso, Dani lo contó: cincuenta y dos minutos, la mujer, la niña y su perro se marcharon dejándola sola, con una sonrisa en la boca. “Su sonrisa. Eso tampoco lo había visto antes.”

Pero Dani ya no se atrevió a acercarse a ella y empezó a repasar su lectura ya que no había logrado concentrarse antes. Y otra vez volvía a levantar la mirada, para ver qué hacía aquella chica. La ‘curiosidad’ seguía llamando a su puerta. Hasta que después de un rato en el que lograba comprender lo que leía alguien le habló:

- Hola. Me gusta mucho ese libro. ¿Es la primera vez que lo lees?

Cuando vio quién era casi no le salieron las palabras. Es más, no le salieron palabras, sino sonidos de su boca, sin sentido. Al final, solo asintió.

- Me llamo…

“Es ella… me está hablando y me va a decir cómo se llama…”

viernes, 18 de febrero de 2011

Entre todos.. solo tú.. (2)

Amanecía otra fría mañana de invierno en Madrid, algo a lo que ya se había acostumbrado. Cada día era lo mismo, levantarse, desayunar, ir a la universidad, comer, ir al trabajo, volver a casa, cenar y dormir. Aun así siempre le sobraba algo de tiempo libre para leer, ver una película o estudiar, pero la monotonía y la rutina últimamente le estaban volviendo loco.

Aunque esa mañana, Dani sentía algo diferente. Esa mañana tenía esperanza. Alguien podría decirle que es un iluso o simplemente tonto, pero esa ilusión le ardía en el corazón, por mucho que luchara contra ella. “Quiero volver a verla”, se decía. Intentó coger el mismo tren y estar a la misma hora. No podía equivocarse. En realidad, nunca lo había hecho, pero él quería asegurarse de que estaba a la misma hora en el mismo sitio, para poder encontrarse otra vez con aquella chica tan especial. Pero ese día no apareció. Ni al siguiente. Ni al otro. Y cada día que no la veía, era un día en el que estaba incómodo, en el que no podía dormir, en el que conjeturaba sobre la posibilidad de haberse equivocado de hora y montaba escenarios imaginarios donde sin su odiosa timidez, conseguía hablar con ella y… “Su nombre”, dijo, “¿Cómo se llamará?”. Empezó un pequeño juego donde intentaba ponerle un nombre a aquella cara, a aquellos ojos, pero sin un resultado positivo. Ninguno era bastante convincente. Hasta que un día volvió a verla.

No fue en el vagón del metro, donde la buscó y esperó durante varios días. Varios días es impreciso, Dani los contó: fueron diecisiete días. Sino un sábado por la tarde, sentado en el Starbucks al que solía acudir para leer tranquilamente. Él ya se había hecho con el monopolio del sillón que estaba pegado a la pared, justo enfrente de la ventana, para así poder mirar de vez en cuando al gentío que pasaba sin parar por la transitada calle Arenal. Fue en uno de esos sorbos largos que daba al café, cuando hizo una pequeña pausa para distraer su mente y asimilar lo que estaba leyendo. Esta vez no se quedó mirando a la gente pasando con sus compras por la calle. Miró al grupo de amigos que estaba en la mesa de al lado. Y no, no la encontró allí. Sino el la mesa de la otra esquina, sola, con un cuaderno en la mano, un bolígrafo en la otra y los cascos puestos. “Debería acercarme y preguntarle al menos cómo se llama”, pensó. “Eso acabaría con días de tortura, pero no sería ‘normal’”. “Hola, ¿cómo te llamas? Vale, solo quería saber tu nombre. Qué idiota sería”.

Dani recordó las miles de historias que había leído, en algunas de ellas había amor y romances. Aquellos caballeros que luchaban en las guerras más duras y se enfrentaban a las bestias mas fieras, y sabían qué decir en el momento de encontrarse con su amada. Aquellos encantadores personajes que sabían cómo conquistar a la chica que les gustaba con la idea más original, de la forma más espectacular posible. Él tenía ‘curiosidad’, que era lo que lo impulsaba. Pero también tenía vergüenza, que parecía aun mas fuerte. Al fin, sin saber cómo ni por qué, decidió levantarse y acercarse a ella. “Cualquier excusa será buena: qué escribes, qué escuchas, qué bebes”, pensaba. 

jueves, 17 de febrero de 2011

Entre todos.. solo tú.. (1)

Dos días antes, al subir al metro Dani se sentó y se zambulló en su libro de la semana, como tenía por costumbre. Pasaban las estaciones y Dani no se desconcentraba ni un solo momento de su lectura. Él pensaba que la gente que viajaba en los trenes del metro de Madrid no tenían nada para él. Ni para él ni para nadie. Odiaba la lejanía de las personas que a veces aún estando tan cerca físicamente, se alejaban tantos los unos de los otros. Incluso pensaba que había cierto asco y no recelo en la mirada de los viajeros. No, el metro era solo un medio de transporte, no un sitio para conocer a gente. Pero tras una pequeña sacudida del vagón que supuso una vía de escape de su perfecto mundo literario le permitió ver que a su lado se encontraba alguien diferente. O al menos eso pensó. “Tiene un brillo distinto a los demás en los ojos”, se dijo a sí mismo, dándose cuenta de que, a pesar de que fueron tan solo unos segundos, era demasiado tiempo para estar mirando fijamente a una persona. Dani no consiguió concentrarse del todo en su libro, sentía un cosquilleo al que llamó ‘curiosidad’. Dani sintió ‘curiosidad’ por aquella chica. Y esa curiosidad casi hizo que se pasara de parada. Le dio tiempo a bajarse y también a dejarse su vergüenza en el vagón, corriendo como un poseso y saltando justo antes de que se cerraran las puertas.

Dani era un chico algo tímido, aunque de vez en cuando le podía la curiosidad. No, no la misma que había sentido esa mañana. Eso era algo que no había podido explicarse, algo para lo que no había encontrado aun una palabra apropiada. El resto del día se desarrolló con la rutinaria normalidad con la que pasaban los días. Sus días.

Al día siguiente, habiendo olvidado ya lo que había pasado el día anterior se sentó en su habitual sitio en el vagón y sacó su libro, volviendo a su fortaleza subterránea. Allí protegido de esas personas vacías y sin sentimientos, que es lo que pensaba de sus compañeros de viaje cada vez que subía al tren. Pero allí apareció ella otra vez. Dos paradas después de la suya se subió y esta vez se sentó enfrente. Volvió a entrarle la ‘curiosidad’. Volvió a sentirse extraño y a veces, queriéndolo o no, miraba disimuladamente a la chica de enfrente. No era muy alta y sí algo delgada. Su pelo era rizado y “oscuro como la noche”, pensó recordando algunos de los libros que había leído. Lo que realmente le gustaba eran sus ojos negros. “Porque transmiten algo. Y quiero saber qué es”. Entonces sus miradas se cruzaron y el pánico inundó la mente de Dani, haciendo que la desviara rápidamente mientras su libro se caía con las páginas abiertas hacia el suelo. Lo cogió avergonzado y se levantó como si ya tuviera que bajarse.
Ese día no logró quitarse ese rostro de su cabeza. Aquella mirada le había fulminado. La ‘curiosidad’ no le dejaba en paz y estuvo todo el día pensando en el momento en que ella lo miró. “Ese momento fue mágico”, pensaba.

martes, 15 de febrero de 2011

Películas..

- Pero, ¿qué te pasa?
- Es algo muy raro. No me vas a creer.
- Bueno, inténtalo.
- Vale. ¿Sabes esas películas donde el personaje, por alguna razón, deja apagar la llama de su amor hacia su pareja y algo le permite volver al pasado para que se dé cuenta de lo que ha perdido? ¿Sabes cuando vuelve a un tiempo antes de haberla conocido y sabe que tiene que conquistarla y conseguir que se enamoré de él como sea porque sabe que es la persona con la que quiere pasar el resto de su vida? Siento lo mismo contigo, pero sin viajes en el tiempo..

viernes, 11 de febrero de 2011

Lo siento, he vuelto a soñar contigo esta noche. Y ya van mil. Estás tanto tiempo en mi cabeza que ya ni siquiera sé si eres real. Solo hay algo que me hace volver en mí: oír tu voz. Entre tanto, vuelo de recuerdo en recuerdo sobreviviendo de lo que me das. Y cuando no puedo dormir, cierro los ojos y sueño por mí mismo.

Te he estado buscando toda mi vida y no te dejaré marchar. No ahora. Ni nunca. Lo único que quiero es despertar a tu lado cada mañana del resto de mi vida.

Y a pesar de que ahora no puedas oírme, volveré a cantar aquella canción. Esa que habla de ti. Solo de ti. Porque es perfecta.

Sé que a veces no calculo la profundidad de mis palabras. Solo perdóname si te amo demasiado. Pero para mí no eres una opción más. Eres mi destino.

jueves, 10 de febrero de 2011

T-24

Ya casi podía ver la cara de la muerte, ya presentía su olor en el aire. El pánico se había adueñado de Elena y a pesar de que intentaba guardar algo las formas, reconozco que estaba atemorizado. La guardia nacional llegaría en cualquier momento y no dudaría en disparar a matar.

- Dime, rápido... tu color favorito, tu hobby y el sueño de tu vida... - dije
- ¿Para qué quieres saberlo? En un rato se habrá acabado todo.
- Es que no quiero morir pensando que no sabía nada de la chica que me volvió loco.

Vi como sentimientos de rabia y dolor inundaban la cabeza de Elena.

- Azul. Tocar el piano. Tener una casa de madera frente al mar - dijo y empezó a llorar.
- No llores. Te voy a sacar de aquí y tendrás una casa azul de madera frente al mar y un piano al lado de la ventana. Te lo prometo.

miércoles, 9 de febrero de 2011

T-53


Como fuera de sí se dio la vuelta bruscamente, miró fijamente al horizonte y a las lejanas torres de humo que se multiplicaban cada día sobre la ciudad. Al acercarme pude ver algo más allá de sus húmedos ojos, algo más allá de aquella lágrima silenciosa que bajaba lentamente sobre su rostro. Pude ver algo que no había podido ver antes en sus ojos: la desesperación de no saber qué hacer, de no saber qué va a pasar. Entonces cuando bajé la mirada habló.

- ¿Qué quieres Mario?
- ¿Qué quieres decir? – respondí con duda.
- ¿Qué quieres en esta vida? ¿Has visto lo que está pasando? ¿Qué quieres?

No podía pensar. Mi mente estaba nublada. Así que como pocas veces en la vida dejé que las palabras fluyeran. No sé de donde salieron, pero estaba seguro de todo lo que quería decir.

- Nunca he estado seguro de nada en mi vida. Siempre he hecho las cosas pensando en una alternativa. Pensando que si algo fallaba tenía una vía de escape. Para mí. – paré un segundo y le di la vuelta mirándola a los ojos – Pero ahora mismo hay una cosa de la que estoy seguro. Te quiero a ti. No me preguntes cómo. Ni siquiera yo lo sé, pero desde el momento en que te conocí, supe en lo más profundo de mi alma que tu eras la persona con la que querría pasar el resto de mi vida. Todo lo demás no vale para nada si al final no vivo a tu lado, si al final no muero junto a ti. – noté como rápidamente se me encharcaban los ojos – Déjame demostrarte que tengo razón, solo me hará falta esta oportunidad. Será la única, porque la próxima vez que nos separemos será cuando este tenebroso mundo haya llegado a su fin.

- ¿Y qué vamos a hacer? No quiero volver a perderte.

- En todo este tiempo lejos de ti no he dejado de pensar en el momento de volver a verte, de volver a abrazarte. Echaba de menos tus ojos, tu mirada. Esa mirada tuya que me hace sentir la suerte que tengo de haberte encontrado. Esa mirada que sabes que derrite hasta la parte más profunda de mi ser. No quiero volver a alejarme, porque si algún día te pierdo, nada más valdrá la pena. No tendré ninguna otra razón para seguir viviendo. – se echó sobre mis brazos y aun me dio tiempo de susurrarle al oído – Me voy a quedar contigo. Nada nunca me alejará de ti. Ni siquiera el tiempo, que derretirá nuestros huesos y al fin estaremos juntos para siempre.